Siesta anunciada y un despilfarro de energía.
Siembra directa de un desdén eterno,
forjado por la sabiduría del tiempo y la dejadez.
Nunca fue víctima pero vivió victimizado.
Por él, por todos.
Por todos que son él.
Y él,
que sin dudas es todo.
Frágil y débil en una situación de esperanza
que lo somete al bien del mundo,
Sujeto deshecho que nada en aguas turbias y profundas.
Vástago de libertad y ser,
dispuesto a caminar un camino sinuoso
en busca de lo incierto.
Sometido al vértigo de la velocidad astral
y morocho otoño.
Cambio profundo.
Sin sabor de octubre.
Pide ayuda pero no sabe ayudar.
Pide respuestas pero no sabe preguntar.
Busca sin encontrar.
Busca sin buscar el sentido que no hay,
que nunca hubo; que nunca habrá.
Sintió, siente. A veces. Lejos, distante.
Tropiezo constante en actitud errada,
insana y rígida.
Hemos de verlo caminar perdido, dolido y en dolor. Tendrá que aprender a caminar, sano. Librado del rígido padre en el que supo convertirse sin ser padre. Sin saber ser hijo. Siendo hijo, siendo bicho.
No hay respuesta.
Tensión sin aparente razón
que se apodera de un cuerpo abandonado.
Que pide a gritos el retorno del alma.
La transformación que no llega,
o que no siente.
Muere, eternamente.
Suelta.
Pero no desprende.
Pide pero no recibe.
Va pero no llega.
viernes, 30 de julio de 2010
Viernes lluvioso
martes, 6 de julio de 2010
Edgardo Planeado
Sostuvo esa posición casi toda su vida. Edgardo era una persona testaruda y constante, características que le valieron una vida de tantas posibles aventuras difíciles de meter en una vida. Habría recorrido los siete continentes (o cinco: ya nadie cuenta nada de la misma manera), los mares y océanos mas importante del planeta, escalado montañas y descubierto lagos, ríos, manantiales. También especies de animales. Lo que se les pueda ocurrir, Edgardo lo habría descubierto. Comenzaría a viajar pasados sus 32 años. Hasta entonces se dedicaría a estudiar sendas carreras y cursos para aprovechar al máximo su posterior viaje. Todo estaba calculado: aprendió el dialecto Uxtai para su agendada visita a la tribu Uxrutu; había recibido un posgrado en "Civilizaciones a lo largo del Ecuador" para su visita a las civilizaciones a lo largo del Ecuador; sostuvo estudios en psicología del Himalayense y contacto con la tierra a altas alturas para su viaje a esa tan importante cadena montañosa, etc. y etc... Interesado tanto en lo geográfico como en lo cultural, exploraba en profundidad las culturas de los lugares a visitar, incluidas (y con hincapié) en los aspectos religiosos y espirituales. No incursionaba en nada incierto. Todo estaba fríamente calculado y si bien no fue un gran matemático parecía haber encontrado la curva exacta de la vida, y había podido calcular todo aquello que podría integrar debajo de ella. Jamás a la deriva había mandando a hacer por adelantado los calendarios de los próximos 50 años. Durante su época de estudio, que no sería poca, Edgardo pasaría horas y horas diseñando el viaje que daría comienzo a su vida.
Un día, distraído por una falda rojo coral, olvidó lo más elemental a la hora de cruzar la calle: mirar para ambos lados. Tendido sobre la calzada sonreía. Lo mató la espontaneidad, atributo hasta entonces para él desconocido.
lunes, 19 de abril de 2010
20100419
Cerró la puerta. Le costó unos días, no parecía tan pesada. Él sabía que no sería fácil cerrar esa puerta que pesaba años. Además, era la primera vez que realmente trataba de cerrarla. La tuvo entornada mucho tiempo, y algunos vientos de antaño la abrían con facilidad, mucha más facilidad que para cerrarla. Cuando se abría se escapaba a la velocidad de la luz, porque podía, al futuro que para su mala e insana fortuna no existe. La fuerza del viento lo levantaba de sus pies y lo hacía volar por el tiempo, depositándolo en el pretérito pasado, lejano y cercano cuasi-eterno. Qué incómodo.
sábado, 13 de marzo de 2010
Sín título
A veces no logro poner en palabras ese sentir que tan profundo cala, que se asienta en el fondo y centro de mi pecho. Sea bueno o malo, doloroso o hermoso. Y me envuelve entero pero ahí mi cabeza no puede entrar, no tiene la sutileza para interpretar. No son palabras, y un poco me desespera que no lo sean.
sábado, 13 de febrero de 2010
13/02/2010
Es mi soledad la que quiere que vuelvas.
Te conozco.
Soy un tronco osco,
Y no encuentro fin a este sufrir.
Y sufro porque no me encuentro,
Y si no me encuentro no te encuentro
Y sigo caminando solo
Sin rumbo.
Y no tengo espolones.
Pero tal vez me falten cojones
Para buscarte, mirarte.
Entregarme.
La herida, ¿sana?
Si no sana, nada cambia.
Y si nada cambia,
el tiempo pasa sin pasar.