El mar sonaba a lo lejos como un disco perfectamente rayado. Su monotonía creaba tiempo, simulaba segundos pero lejos de ello era. Las olas, atemporales, rompían una y otra vez, trayendo, llevando, vaciando. Algunas grandes, otras más pequeñas, y su incesante movimiento afirmaban el paso del tiempo. La espuma, blanca en su pureza, salada pero no amarga, creaba un manto de paz sobre esa arrugada sábana de azul profundo. Y es así como el mar continúa, escriba o no, respire o no. El mar conoce el tiempo, nosotros los perseguimos.
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sábado, 19 de enero de 2008
jueves, 25 de octubre de 2007
Espiritualidad
Si tenés o estás pensando en comprar un Alfa Romeo claramente no estás en ningún tipo de camino espiritual. No me puteen, es así.
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