Mostrando entradas con la etiqueta Yo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yo. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sin título

Sin importar el desenlace, hemos llegado hasta allí, o aquí. Incluso tal vez hasta allá. O, probablemente, no hemos llegado todavía a ningún lado. No me preocupa porque estimo que llegaremos cuando tengamos que llegar. El mundo no es más que un lugar para encontrarnos, para vernos y tocarnos.

lunes, 19 de abril de 2010

20100419

Cerró la puerta. Le costó unos días, no parecía tan pesada. Él sabía que no sería fácil cerrar esa puerta que pesaba años. Además, era la primera vez que realmente trataba de cerrarla. La tuvo entornada mucho tiempo, y algunos vientos de antaño la abrían con facilidad, mucha más facilidad que para cerrarla. Cuando se abría se escapaba a la velocidad de la luz, porque podía, al futuro que para su mala e insana fortuna no existe. La fuerza del viento lo levantaba de sus pies y lo hacía volar por el tiempo, depositándolo en el pretérito pasado, lejano y cercano cuasi-eterno. Qué incómodo.

sábado, 13 de marzo de 2010

Sín título

A veces no logro poner en palabras ese sentir que tan profundo cala, que se asienta en el fondo y centro de mi pecho. Sea bueno o malo, doloroso o hermoso. Y me envuelve entero pero ahí mi cabeza no puede entrar, no tiene la sutileza para interpretar. No son palabras, y un poco me desespera que no lo sean.

sábado, 1 de agosto de 2009

Sin título

La gota de luz permitía una lectura en la pared:

.....................… y con las letras formó palabras. Y con ellas intentó, sin mucho éxito, describir un mundo. Las palabras lo alejaban de la realidad, se distanciaba al interpretar. De pronto hubo silencio. Luego, hubo música…

martes, 30 de junio de 2009

Sin título

En algún momento hay que aceptarse y así condensarse a ser una farsa elocuente o reconocerse en falta, bucear profundo y sacarse a flote. Una vez en la superficie podremos decidir que tan hondo llegamos y con esta nueva disposición sabremos cuando será hora de volver a sumergirse.

lunes, 15 de junio de 2009

Sin título

Mi cabeza no se toma feriados.

Anything can happen

Y es así, pero no lo pongo en castellano porque me gusta más en inglés. Mañana depara la incertidumbre pura por más que creamos que todo va a seguir igual. Sí, probablemente sea todo igual, probablemente no pase nada que cambie nuestro curso, nuestro ser. Pero, anything can happen. A veces queremos que algo happen pero no siempre es así. La mayoría de las veces no es así. Se abren caminos que ni siquiera vemos, que ni siquiera sentimos. Los podemos pensar o soñar; a veces el Universo escucha. Escucha cuando tiene que escuchar, cuando nos soñamos verdaderos y esa esencia sale de debajo de las profundidades. Incorporamos nuestra verdad y sin darnos cuenta florece (a veces de a poco, a veces de golpe) eso que llevamos dentro.

Anything can happen. Pero no quiere decir que tengamos que esperar, que debamos simplemente pronunciar nuestros anhelos sino enfocarlos, verlos, soñarlos y por último intentarlos. No llevo mucho tiempo aquí y en este tiempo me he pensado de un millón de maneras pero mi verdad es aún incierta. Me escapa y me frustra. Mi frustración es mi camino, la manera en que debo encontrarme. Prueba y error. Error y crecimiento. Conocimiento. Yerro en mi búsqueda y eso me hace dudar de mí. Dudo y desparezco. No me lo permito y me enojo, me siento menos, me siento totalmente perdido. En el fondo hay verdad, una verdad que espera ser descubierta.

Anything can happen. Y tenemos que dejar que así sea. De a poco lo permito y llevo tranquilidad a mis inquietudes. El mundo tiene demasiado para ofrecer, pero demasiado nunca es bueno. Demasiado es exceso. Achicar la mira. Disparar con certeza, dudar pero decidir. Aprender. Desaprender. Crecer. No quedarse pensando cuando no hay nada que pensar, evitar que los círculos nos lleven de paseo sin que nada se suceda. No es tan grave. Nada es tan grave. Pensar de más es grave; actuar es sensato. Somos sangre. Y sin ella no somos nada.


Simplemente

Simplemente haceme sonreír.

lunes, 11 de mayo de 2009

Algo sobre la muerte

Ante la muerte, todos somos iguales. No hay excepción que valga. Ni porque salvaste a mil ni porque mataste a 200 va a ser diferente tu muerte. No hay concesiones, no hay máscara que nos salve. Ningún presidente, mártir o santo, terrorista, asesino o genocida podrá usar su condición para negociar una muerte de tal o cual manera: la muerte es una. El problema de la humanidad es que nos creemos diferentes, adoptamos personajes y el problema no es su adopción porque podemos elegir actuar como querramos. El problema es creérselo, comprar el personaje. Ser usado por la máscara y no usarla. 

martes, 14 de abril de 2009

I. Vacío de Dios

Transcurren días que sin mucho esfuerzo se hacen semanas. Pestañeo y ya pasó un año, paro para pensar el camino a seguir  y pasaron cinco. Todavía doy vueltas en un círculo pasado y tan familiar que da pesadillas porque tan esclerótica está su osamenta que otra cosa ya no puede dar. Ya le exprimí todas las risas, bostezos, dejos y celos; vellos, lágrimas, días, penas, tristezas. Ya saboreé lo rancio y lo dulce, lo cruel y lo benévolo. Ya le vacié el significado y sin significado no hay sentido. Pereza marcada a fuego y un sendero de condimentos poco picantes, recto e incoloro. Cinco sentidos perdidos a la buena de un dios, alguno que se llevó lo mejor de mí y me dejó creyendo en los demás, en todos menos en mí. Un dios fraudulento. 
Y sí Dios se fue, yo también.



II. Yo Dios 

Y sí Dios se fue,
yo también.
No estoy.
No molestar.

Pegar y golpear. Azotar.
Despertar.
Abro los ojos,
y Dios tendrá que volver.

Yo antes que Él,
yo antes que todos.

Yo para que existan todos,
Yo para que respire Dios.

Yo soy todos,
Yo soy Dios.

viernes, 27 de febrero de 2009

Nebulosas y perspectiva

Leo en el diario que el Observatorio Europeo Austral ubicado en Chile captó una increíble imagen de la nebulosa Hélix o NGC 7293, también llamada "el ojo de Dios". Esta nebulosa planetaria conocida por tres nombres diametralmente opuestos se encuentra en la constelación de Acuario a 700 años luz de la tierra. Según se puede apreciar el objeto parece estar formado por dos discos separados por anillos y filamentos externos. Uno de los discos parece estar expandiéndose a 100.000 kilómetros por hora (la circunferencia de la tierra en el ecuador es de un poco más de 40.000 Km.) y podría haber tardado 12.000 años en formarse*. Y yo acá sentado en mi escritorio a escasos metros de la tierra**, expandiéndome o contrayéndome en gramos*** y formado en escasos veintiséis años. ¿Qué tal? Pone las cosas en perspectiva, ¿no? Pero no evita que me crea el centro del universo y permita que algunos de mis problemas sean un Hélix en tamaño, expandiéndose a miles de kilómetros por hora y formados en segundos pero que se sienten una eternidad. Absurdo, o tal vez no. Tal vez absurda sea la perspectiva. Todavía no me decido.

 *

* Algunos sostienen que la tierra se creó en 7 días lo cual me parece absurdo al igual que la mayoría, sino todas, sus creencias.

** Escribo desde un primer piso

*** Sujeto a lo que ingiera

lunes, 22 de septiembre de 2008

Cortito sobre la libertad

La libertad, me parece, ha sido mal interpretada. Muchos que abogan a favor de ella piden menos censura y menos leyes. La libertad se interpreta, en casos extremos, como la posibilidad de actuar sin barreras, sin imposiciones. Y está bien, porque la libertad nace de esa posibilidad. Sin embargo, ser libres no nos exime de ser responsables. La libertad sólo existe cuando también hay responsabilidad, las dos están intrínsicamente relacionadas, me animaría a decir que son sinónimos. La necesidad de leyes y de censura nace justamente de la inhabilidad del ser humano de ser responsable. Porque no lo somos, basta con mirar el mundo para darnos cuenta que la irresponsabilidad supera ampliamente la responsabilidad. .

Es fácil ver que el hombre está mucho más dispuesto a pedir que a otorgar, a recibir que a dar. El pedido de libertad es eterno. El problema es cuando tenemos que dar algo a cambio de ella. Y yo mismo cometo un error al escribirlo así porque cuando pedimos más libertad también estamos pidiendo más responsabilidad: no es un trueque. La responsabilidad es necesaria para hacernos conscientes de las decisiones que tomamos, del camino que elegimos. Cuando las reglas se relajan lo único que queda para armonizar y mantener equilibrado un sistema en paz es la responsabilidad.

El pedido de libertad es algo contradictorio pero natural. Contradictorio porque comienza a florecer en la adolescencia que es un momento en el que no estamos capacitados, por falta de experiencia, a ser responsables. De todas maneras, esto tiene cierta lógica porque el camino de la libertad a la responsabilidad es mucho más fácil que el camino inverso. En esa etapa probamos límites, chocamos con las formas y las estructuras. Vemos hasta dónde podemos, qué es posible y qué no. Cuestionamos y disentimos. Y somos libres de hacerlo, porque somos adolescentes, tenemos esa excusa que es de una validez incuestionable.

A medida que crecemos notamos que nuestras acciones tienen, invariablemente, consecuencias. Actuar tomando en cuenta la consecuencia es actuar con responsabilidad. Llegada cierta edad esto lo sabemos casi todos y no digo todos para no quedar absolutista. Pero esto no quiere decir que actuemos acorde a lo que aprendemos, a lo que en el fondo empezamos a percibir como correcto. Porque todos sabemos cuando estamos siendo irresponsables. Sea cuando pasamos un semáforo en rojo o cuando no lavamos un plato que sabemos va a tener que lavar otro. O, cuando a expensas de otros, alimentamos fondos de inversión que, a sabiendas, se vuelven insostenibles.

La humanidad se resiste a ser responsable y esa necesidad, dado el rumbo del mundo hoy, acrecienta día a día. Lamentablemente vamos en la dirección opuesta y lo único que estamos consiguiendo con nuestro irresponsable pedido de libertad es una adolescencia cada vez más larga, ya nadie cree en crecer. Todos estamos dispuestos a ser libres pero no queremos hacernos cargo de ese poder que nos es otorgado. Pedimos más libertad sin saber qué estamos pidiendo y así nos volvemos todos víctimas del irresponsable accionar de los otros y de nosotros mismos.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Imprescindibles

Nadie es imprescindible. O, por lo menos, no deberían serlo. Nadie puede ser nuestro alimento o nuestro oxígeno. Lo imprescindible genera dependencia y sólo podemos depender de nosotros. Entonces me equivoco porque sí somos imprescindibles. Imprescindibles para con nosotros mismos. Yo soy imprescindible para mí, vos sos imprescindible para vos.

Cuando algo externo se vuelve imprescindible perdemos la capacidad de elegir. Lo sostenemos por miedo a perder lo conocido, por miedo a perder a aquel o aquello que pensamos nos define, aquel que le hemos otorgado el poder de legitimar nuestra vida. Si perdemos la capacidad de elegir inevitablemente perdemos la capacidad de ser porque el ser necesita de la elección para existir. Si yo elijo estoy siendo.

Sin duda esto es difícil porque uno de los temores más grandes del ser humano es la soledad. Pero la soledad siempre la elegimos por más que pensemos que es impuesta, por más que pensemos que es nuestro destino. La soledad es elegir el aislamiento, sea por prejuicios, por inseguridad, por soberbia, por miedo a no ser aceptado, y tantos otros miles de etcéteras. Es mucho más fácil aceptar la soledad que aceptar nuestra inhabilidad para relacionarnos con el mundo. Es mucho más fácil el encierro que la apertura.

Cierta soledad es inevitable y siempre lo va a ser. Hay una soledad profunda en la que nadie nos puede acompañar. Nadie puede llegar a lo más profundo de nuestro ser. Nadie se puede meter en los rincones más ocultos de nuestra mente, de nuestro corazón. Esa tarea es nuestra, y sólo nuestra.

Suelo pensar que somos solos pero no en soledad. Esta soledad esa aquella en la que muchos se refugian para evitar la exposición a un mundo que a veces puede ser frío y cruel. Pero es el mismo mundo de los colores, sensaciones y emociones que todos deseamos. Esta es la soledad que se remedia con la aceptación del otro porque en el fondo todo el mundo quiere ser amado. Y no hablo del amor de las películas. Hablo del amor que infunde respeto, el amor que nos despoja de nuestras inseguridades y nos da la confianza para ser quienes somos sin la necesidad de tantos filtros y barreras que nos auto-imponemos para evitar mostrarnos desnudos. Hablo de un amor que da poder, el poder de pararnos desde nosotros y elegir sin miedos. Hablo del amor que nos hace a todos iguales.

No hay que confundir esta soledad con la necesidad de no estar solo. Esa necesidad es la que, con el tiempo, transforma a la gente en imprescindible.

La persona que se vuelve imprescindible es la persona que más daño nos puede hacer. Sus palabras tienen un poder superlativo. Si dependo de esa persona, si ella me define estoy sujeto a lo que esa persona crea de mí. Entonces ella elije por mi y soy según sus palabras, según sus humores. Y las personas que se saben imprescindibles pueden ser muy crueles. Pero abusan de un poder que nosotros les otorgamos, ¿son culpables? Yo diría que no, al culpable lo encontramos mirando al espejo.

Lo triste es que muy pocas personas están dispuestas a entregarse sin el eterno tamiz. Así, el mundo ya está plagado de algunos imprescindibles y muchos prescindibles.

Tenemos que hacer el esfuerzo por elegir nuestro entorno y no que él nos elija a nosotros. Jamás va a ser fácil pero hay que hacer el intento. Y cada día se hace más difícil en nuestra cultura de la inmediatez donde el esfuerzo ya no es valorado, donde lo que más ansiamos es la gratificación instantánea y no algo con sustancia, algo que posea algún valor de trascendencia.

Igual, algo positivo saldrá de esta cultura de la inmediatez: ya no habrá más imprescindibles, ni prescindibles. Pero ni siquiera lo podremos ser para nosotros mismos. Evitaremos cada vez más el contacto y nos quedaremos flotando en una superficialidad manejable y predecible. Y cada vez nos aislaremos más, siempre por decisión propia. Este aislamiento terminará por dejarnos a todos solos y en soledad.

domingo, 17 de agosto de 2008

Llorar

Hay gente que llora sola y hay gente que llora acompañada. Hay gente que no llora. Hay gente que le encantaría llorar pero no se lo permite. Hay gente que desería no llorar pero no lo puede evitar. Hay gente que llora de tristeza, hay gente que llora de alegría. Hay gente que llora por las dos cosas. Lloremos o no, lloramos. En silencio, en compañía. Sin lágrimas y sin sollozos, con el alma o desde el pecho. Con una sonrisa o con un abrazo. Te lloro, me llorás, nos lloramos. Ella llora, ellos lloran, vosotros llorais. No hay bien o mal a la hora de llorar, pero de vez en cuando hay que hacerlo. Llorar expresa y libera. Me libera, te libera, nos libera. Y así, todo abre.

domingo, 3 de agosto de 2008

Un adiós adelantado

Domingo 3 de agosto, 10:30 am.

Me había quedado con una frase, una segunda opinión: tal vez no sea tan grave, es probable que algo podamos hacer. Eso dio aliento, mermó la ansiedad. Pasada una semana llegó una llamada inesperada, una llamada cargada de una noticia triste y verdadera: ya no estaba más con nosotros. Era algo que se esperaba pero no tan pronto porque algo se podía hacer, tal vez no era tan grave. Pero se equivocaron, como solemos hacerlo los humanos. Mi corazón se agitó y mí alrededor tomó un tinte de irrealidad, tal vez era mi cabeza ajustándose a una nueva realidad, más cruda pero inevitable. Fue una semana de días nublados y en el más gris nos dejó.

Fui a visitar a la familia, a mi amigo. Era su padre pero en su memoria todavía lo es y siempre lo será, por eso puede dar gracias. Las personas nos dejan pero nunca se van. Llegué y mucha gente acompañaba. Familiares, amigos de la madre, amigos de la hermana y nosotros, los amigos de este gran amigo. El ambiente estaba cargado de emoción pero contenida por la compasión y la empatía de unos cuantos para unos pocos. Las risas distendían y eran bienvenidas.

La angustia igual blandía en las caras, más en esas que sentían en la piel y el alma la partida. La distracción era cómplice de la contención pero esos ojos de tristeza no podían esconder su sentir, querían perderse en el agua de sus lágrimas, sacar afuera el sentimiento, dejarse llevar sin pensar. Así llegó la hora de partir: es compañía cuando acompaña, no cuando distrae. Entre unos pocos fuimos sacando al montón dejando espacio al luto, al desahogo que a galopes pedía su liberación. La despedida fue triste y a medida que la distracción partía las lágrimas asomaban su cara. Mi amigo lloraría. Nos fuimos y me hubiese gustado abrazarlo pero se quedaba con gente que el ama y podía abrazarlo igual o mejor que yo. Sin duda estábamos distrayendo.

*

Hoy me despierto y miro el cielo. Resplandece un azul penetrante acompañado por un sol que dice presente, que brilla con más fuerza para compensar su ausencia. Es un día perfecto para partir, para una despedida. Ayer nos dejó, un día frío y gris pero se va a despedir con todo el sol iluminando su camino, calentando nuestro corazón. Ayer anticipó su partida, nos preparó. Ayer seguro se paseaba entre los presentes, dándonos las gracias por estar ahí para acompañar a su familia, mirando de afuera preparándose para partir, viendo que los deja en buenas manos y que son fuertes. Viendo cuánto lo van a extrañar pero más importante aún cuánto lo amaron, cuánto significó para ellos. Él se paseó entre nosotros y nos dijo hasta mañana porque parte hoy tranquilo y sereno, con una sonrisa en su semblante liso y despreocupado, listo para decir adiós.

Para Fer, con mucho cariño.

jueves, 28 de febrero de 2008

The Blind Leading the Blind

Para esta entrada se me había ocurrido, en principio, el título “Lead and I Will Follow” pero, como verán a medida que leen, hubiese quedado irónico y no es, bajo ninguna circunstancia, la premisa a transmitir. Incluso el título elegido, una vez leído más allá de este molesto pero, por suerte, corto preámbulo puede tomarse como irónico pero reitero y estreso que no ha de ser tomado así.

Lo que comenzó como una simple observación tiene cierta reflexión. La situación se presentaba bizarra: yo de traje (camisa con gemelos) pateando las calles junto a un colega repartiendo diarios en los que se había impreso una publicidad del lugar donde empecé a trabajar el martes. Lo bizarro abarcaba varios aspectos. Uno: yo de traje. Hace varios años que no vestía tal vestimenta sin contar los dos, tal vez tres, casamientos que tuve en el tiempo mencionado. Dos: yo trabajando. La explicación sería la misma que la del punto anterior pero la vestimenta y los casamientos (en especial este último) nada tienen que ver en esto. Tres: mi colega. Y me abstengo de dar explicación porque la red es grande pero el mundo es muy chico.

Fue una dura mañana de calor (o tal vez fue el traje) y los zapatos nuevos dejaban su marca en la tierna carne que envuelve los huesos de mi tobillo. Algunos las llamarían ampollas, yo prefiero llamarlas…ampollas, pero jodidas. Vueltas a la manzana y lograba perder el norte en una ciudad cuadrada. Casi terminando el recorrido espontáneo y zigzagueante me crucé con algo digno de notar, algo que yo nunca antes en mi vida había visto: una pareja de ciegos caminando frente a mis ojos, ambos con lentes oscuros y cada uno con su bastón blanco (no me digan que esto no completa la mañana bizarra).

Más allá de todos los pensamientos fuera de lugar que se le pueden ocurrir a uno, que siempre son muchos más que aquellos que caen perfecto en el lugar, recuerdo uno que me pareció justo, en todo sentido de la palabra. (*) Ese pensamiento fue algo parecido a lo siguiente: dos personas con la misma condición (en cualquier sentido) compartiendo un mismo camino tal vez no sea lo más conveniente pero posiblemente, y creo que en la mayoría de los casos es cierto, sea lo más llevadero y por ende preferible. (**) Para no estirar mucho la entrada se me ocurrieron un par de ejemplos simples que tal vez ayuden a entender lo que quiero decir. El primero fue el de un psicólogo loco y un paciente loco. Tal vez no sea una dupla que prometa salir adelante (o tal vez sí) pero seguramente se puedan entender mejor. El segundo ejemplo sería el de un pelotudo y una pelotuda. (***) (****) (*****)

La conclusión esta al alcance de las manos, no es muy complejo lo que se esta exponiendo, surge de una condición básica y humana: la mayoría de las veces sólo queremos que nos entiendan, aunque sea una sola persona, aunque esté loca.

(*) Aquí es donde el primer título se podría haber tomado como irónico y creo yo que no tendría defensa en cuanto a esa observación. Como el pensamiento no fue irónico fue menester cambiarlo y como están viendo en este momento (si es que están leyendo este asterisco) el título elegido, si bien puede ser tomado como irónico, no lo es porque lo que yo estaba viendo era literalmente lo que describe aquello que le da nombre a esta entrada: the blind leading the blind.

(**) Creo que luego de esta oración se podría escribir un libro porque entran en tema las relaciones humanas y la mayoría de los libros, o por lo menos los más significantes y significativos, se sumergen en éstas. Pero para libros no estoy, recién después de mucho tiempo estoy trabajando así que no me tienten, por favor.

(***) Ambos ejemplos pueden ser cambiados a femenino como sea deseado, ningún tipo de relación es censurada por este escritor…sin entrar en lo perverso.

(****) Los pelotudos existen y esto no debería ser materia de opinión, es un hecho. (+)

(+) Lo he probado: yo soy uno. Y si logran ver a través de todo aquello que piensan que son o, en muchos casos, que no son se darán cuenta que todos somos unos pelotudos. Claro, la mayoría jamás lo aceptaría, a mi me tomó un tiempo. Antes yo no era un pelotudo, el resto lo era. (#)

(#) Ayuda: siempre va a haber alguien que piense que sos un pelotudo y si lograste convencer a todo el mundo de que no lo sos lo mejor que te puede pasar en la vida es que vos te des cuenta lo antes posible.

jueves, 25 de octubre de 2007

Now I lay me down to sleep

Cuando era chico me enseñaron a rezar, bah, me decían que rece. Jamás me enseñaron cómo. Por mucho tiempo padecí este abandono religioso y me encontraba todas las noches ante Dios, solo y desprovisto de herramientas para enfrentarlo. Al ser omnipresente y extremadamente poderoso me sentía el más pequeño e insignificante de los seres de este mundo, que después descubrí en efecto lo soy. Pero ese es otro tema. Acá muchos pensarán "¿A este pibe no le dijeron que Dios es bueno y justo?" y es verdad pero no se puede joder con un poder tan extremo y eterno y, por sobre todo, no se puede joder con un poder que nadie tiene la más pálida idea de cómo funciona.

Mi rezo era el siguiente: un padre nuestro, el rezo del ángel de la guarda y después pedía por la gente que quería y me importaba. Ahí se generaba el gran quilombo, en esa última parte del rezo. Tenía que meter a todos y me moría de miedo si me olvidaba de alguien porque esa persona, y por mi culpa, moriría seguro al otro día. O tal vez no seguro, pero las posibilidades eran altas: Dios no lo estaba cuidando. Así que metía hasta las tías y primas de mi vieja que más no me podían chupar un huevo pero si les pasaba algo mi vieja iba a estar mal. Asique la lista era eterna, más extrema que el poder de Dios y me terminaba yendo a dormir con ataques de ansiedad a las 4 de la mañana. No era algo saludable, tenerle miedo a Dios me estaba consumiendo la vida y todavía ni la había empezado a vivir.

Decidí pues empezar un duelo con Dios, a ver qué tan groso realmente era, qué tan poderoso podía llegar a ser. Mi rezo dejó de ser lo que era, pedía por mis más allegados y el resto que se joda. Dios tenía que tener huevos para matar a 500 personas de un día para otro, además todas conocidas entre ellas, elevaría sospechas y de ser hayado culpable pondría en evidencia su maldad y quedaría expuesto ante todo el mundo. Fueron pasando los días y no pasaba nada, nadie moría y yo me sentía mejor, dormía más tranquilo y menos preocupado. Mi rezo empezó a ser cada vez más corto, nada de padre nuestro, poco del ángel de la guarda y no pedía ni por mis viejos. Todo seguía bien y tranquilo, al tiempo decreté la batalla ganada.

Aún hoy me cuestiono si fue que a Dios le chupaba un huevo todo mi rezo o sí realmente no se animó a entrar en el duelo que le propuse. Sea como sea, hoy duermo tranquilo y rezo cuando me pinta y a mi manera. Igual me gusta pensar que fue una dura batalla y que valió la pena, pocos desenfundan su espada contra Dios y viven para contarlo.

sábado, 25 de agosto de 2007

De las pérdidas

¿Cuándo caemos? Y, al rato. Lo inmediato tiene como característica inherente la incoherencia porque simplemente sucede, con o sin precedente, jamás una interpretación acertada puede surgir en el momento posterior contiguo. Por eso somos víctimas de un suceso en el tiempo. Como ejemplo claro tenemos las muertes, los fines. El dolor no se siente hasta dentro de un rato y lo más gracioso (que a la postre se vuelve lo más doloroso) es que nos creemos capaces de impregnarle una lógica al evento, aprueba de todo, balas, cohetes, aguarrás...pero no de emociones. Y sí, la cosa salió como tenía que salir, el cerebro lógico contento, contenido dentro de la estructura cerebral lineal pero aquella parte que se toma su tiempo para decir “Ah!!” cae después, cuando la pérdida excede la lógica, que siempre lo hace. No hay nada lógico en el amor o las relaciones, la lógica ayuda a sobreponerse pero es de iluso intentar interpretar ciertas cosas. Guarda: lo seguimos haciendo porque no nos queda otra. Pero hay que saber, si duele por algo es. A no esquivar el dolor porque, escurridizo, impredecible y astuto como es, siempre va encontrar la forma de reaparecer, y cada vez más fuerte, dejando marcas más profundas. Si duele, que duela. Si se entiende bien, pero a no tratar de explicarlo.

Clave: lo que se entiende no necesariamente tiene explicación.

martes, 31 de julio de 2007

¿Y el Stop dónde quedó?

El otro día, mirando un iPod, me dí cuenta que ya hace rato en muchos aparatos reproductores de media dejaron de incluir, como opción de comando, el botón Stop. Al principio no le dí mucha bola, un botón menos por el cual preocuparse. Ésta última vez me quedé más en el concepto de quitar el Stop, ¿qué significa el Stop? Stop es parar, dejar de funcionar, hasta que por medio del Play se vuelve a andar. Stop es, literalmente, frenar. El Pause siempre estuvo pero nunca le dí bola. En los aparatos de CD jamás lo uso, me da la sensación de que ponerlo raya el disco. Cuando miro un DVD pongo Pause para buscar la coca, los puchos o abrirle la puerta a algún infradotado (culpa del timming, no necesarimante una característica inherente del personaje) que llega a casa y soy el único boludo que se mueve para abrirle. El Pause, por ende, una tecla de poco uso. Ahora que no existe el Stop ¿qué hacemos? Y, directamente apagamos.

Osea que es Play o la nada. Como la vida hoy, ¿no? Si no estas en Play estás apagado, no existís. Stop no podés ponerte porque no lo tenés, te tenés que apagar, desenchufar. Acá pensarán: "el Stop apaga, campeón". Y sí, es verdad, el Stop apaga pero primero frena y recién ahí apaga, ese paso previo es indispensable para darnos cuenta de que nos estamos apagando, nos estamos desenchufando. El Pause no lo usamos, o pocas veces, y por lo general para hacer cosas no dignas de una pausa, sino nimiedades de poca trascendencia, hasta molestas. Y así estamos, siempre en Play porque no queremos (ni sabemos) estar apagados, el Stop ya no lo tenemos y el Pause no lo sabemos usar. ¿Qué nos queda? Ataques de pánico a los 25, ataques de corazón a los 40, triple bypass a los 50 y la inevitable infelicidad de la perpetua acción sin reflexión. Play hasta la muerte, por más temprano que ésta nos encuentre. El sin sentido de la vida de hoy. Habría que recuperar el Stop y aprender a usar el Pause, ¿no?